Soldados, enfermeras, cocineras, ayudantes, hijas, esposas, hermanas, todas ellas mujeres de la Revolución Mexicana que hoy son recordadas bajo el nombre de adelitas –aunque soldaderas también es un término común para estas mujeres, otros nombres fueron guachas, indias, marías o juanas.
En el sentido estricto, las adelitas fueron mujeres que se unieron a la lucha revolucionaria tanto en el campo de batalla, como en las marchas a través del territorio mexicano, así como en los cuarteles donde también hacían labores domésticas para los soldados de los ejércitos.
Pero, ¿por qué empezamos a llamarlas adelitas, contrario a otros nombres como el de soldadera?

¿Quién fue Adela Velarde Pérez?
De acuerdo con la versión gubernamental, el nombre de adelitas para todas las mujeres revolucionarias proviene de Adela Velarde Pérez, una mujer nacida en Ciudad Juárez, Chihuahua en 1900, nieta del general Rafael Velarde.
La historia de vida de Adela Velarde cuenta que ella se unió a sus 14 años a la Cruz Blanca Constitucionalista, convirtiéndose así en una enfermera de la Revolución Mexicana, y más tarde utilizada como estandarte para este grupo de mujeres que auxiliaron a los soldados revolucionarios.
Sin embargo, los detalles de su vida son escasos y lo poco que se sabe de Adela Velarde Pérez tiene que ver con su registro como veterana en 1940, un registro creado por la Secretaría de Defensa Nacional a través de la Comisión Pro-Veteranos y un año más tarde reconocida como una Veterana de la Revolución.
Así como los datos gubernamentales, como que Adela Velarde murió en 1971 en Estados Unidos.
Pero la construcción del mito comenzó mucho antes de que Adela Velarde muriera.

El corrido La Adelita y la construcción del mito
Adela Velarde es acreditada como la inspiración para el popular corrido revolucionario “La Adelita”, que en palabras de Martha Eva Rocha Islas en el libro Los rostros de la rebeldía , es un “canto de guerra, de amor y desolación grabado en el imaginario popular para referirse a las abnegadas mujeres que como enfermeras voluntarias atendieron a los heridos en el frente de batalla. Ellas fueron también depositarias de los últimos anhelos y deseo de los soldados maltrechos en su lecho de muerte”.
Leonor Villegas de Magnón en sus memorias La Rebelde, así lo escribió, así como la propia Velarde en una entrevista con la periodista Ana Cecilia Treviño en 1948. No obstante, hay quienes creen que esta Adela no fue la inspiración original del corrido.
Las primeras estrofas de este corrido dicen:
“En lo alto de una abrupta serranía
Acampado se encontraba un regimiento
Y una moza que valiente los seguía
Locamente enamorada del sargento.
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Popular entre la tropa era Adelita
La mujer que el sargento idolatraba
Porque a más de ser valiente, era bonita
Que hasta el mismo coronel la respetaba.”
El corrido no sería la única representación de las adelitas, pues empezaron a surgir novelas como La Adelita, de Carlos Isla, que ficcionaliza el mito de la adelita enfermera, entre otras representaciones populares.
Sin embargo, en palabras de Gabriela Cano Ortega, historiadora que se ha especializado en la historia de las mujeres y estudios de género en el siglo XX, la adelita es más bien un estereotipo consolidado en los años treinta, y que corresponde a la modernización que exige la presencia de mujeres en todos los ámbitos. Ella explica en Letras Libres que:
Cuando uno ve las fotografías de las revolucionarias, se da cuenta de que no corresponden a esa visión casi maquillada de la Adelita. Fueron mujeres pobres, campesinas, viejas, que habían pasado muchas penurias, que estaban descalzas, que no tenían una imagen de complacencia al revolucionario ni que servían para hacer más atractiva su masculinidad como quiso el discurso nacionalista.
En ese sentido, lo que sabemos de Adela Velarde Pérez, quizá la adelita original, es escaso, y lo mínimo suficiente para poder continuar con un ideal de las adelitas que hoy siguen siendo símbolo de las mujeres en la Revolución Mexicana y que se han diluido a trajes y disfraces para cada 20 de noviembre.
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